RÉQUIEM DE MOZART

Orquesta Sinfónica de Málaga

Orfeón Universitario de Málaga

 

Domingo 7 abril 2019. 17:30 horas

Real Basílica de San Francisco el Grande

(Calle San Buenaventura, 1 - Palacio)

(Recogida de entradas en la misma iglesia desde dos horas antes)

 

Es difícil concebir una Semana Santa sin Mozart. En realidad es difícil concebir una vida sin Mozart, pero pasar por alto la Misa de réquiem en re menor K 626 (1791) en fechas tan señaladas sería una incorrección. Por eso el nuevo cartel del ciclo Música sacra para acompañar la Semana Santa 2019 arranca por todo lo alto con semejante despliegue de fuegos artificiales a cargo de la Orquesta Sinfónica de Málaga, el Orfeón Universitario y bajo la batuta del director Arturo Díez Boscovich (1979) en la Real Basílica de San Francisco el Grande, un espacio ideal para recibir con todos los honores esta obra catedralicia de la música fúnebre de todos los tiempos. Y no solo por la capacidad acústica del templo: la cúpula fastuosa que los maestros Francisco de las Cabezas y Antonio Polo hundieron en las alturas de la bóveda entre 1761 y 1768 parece proyectada para elevar esta música a los cielos, donde pertenece.

¿Pero qué decir del Réquiem a estas alturas que no se haya dicho ya? Quizás y para empezar que es infinito. Su perfección compositiva es tal que sugiere la idea platónica de que preexistía a Mozart en el mundo celeste y el sazlburgués se limitó a transcribirla del idioma de las nubes a la notación convencional. Pero en realidad nada hay de convencional en esta obra suprema. Ni tan siquiera el propio encargo. La leyenda de la comisión es de sobra conocida, y es una leyenda tan excepcional que la preferimos a cualquier realidad posible. Julio, 1791. Imagínense una figura embozada en negro y cubierta de noche tocando la puerta del domicilio vienés de los Mozart a horas intempestivas. Tiene un encargo para el famoso compositor y no aceptará una negativa. No le da más detalles por razones de secreto y le exige absoluta discreción adelantándole un pago con la condición de que finalice el trabajo en el plazo de un mes. Pero Mozart tiene dos óperas sobre la mesa -La clemencia de Tito para la coronación de Leopoldo II de Austria como rey de Bohemia y La flauta mágica- y posterga la composición del Réquiem hasta que el misterioso embozado reaparece exigiendo la satisfacción del encargo. Sus creencias esotéricas como francmasón y su pobre estado de salud le persuaden de que el emisario es un ángel de la muerte y que se trata de un encargo para su propio funeral. Comienza a trabajar febrilmente en octubre sobre el Introitus, Kyrie y Dies Irae, pero en noviembre cae gravemente enfermo dejando abocetados estos dos últimos. Para completar la partitura se ve en la necesidad de requerir los servicios de su discípulo Franz Xaver Süssmayr, quien le asistirá en la composición hasta su último aliento. Mozart fallece el 5 de diciembre dejando la obra inconclusa, pero Süssmayr rematará la faena de acuerdo con las instrucciones precisas de Mozart. En realidad se sospecha que la misteriosa figura en cuestión era en realidad un delegado del conde Franz von Walsegg-Stuppach, conocido por la indecorosa práctica de comisionar obras a compositores famosos para luego robarles la autoría. No se saldrá con la suya: la misa en memoria de Mozart se acompañó con extractos del Réquiem y dos años más tarde, pese a los intentos de Von Walsegg-Stuppach por registrar la obra como suya, se estrenará íntegramente en Viena como creación de Wolfgang Amadeus.

El K 626 es la decimonovena misa de Mozart. Concebida al estilo del Réquiem en do menor (1771) de Haydn para las exequias del arzobispo de Salzburgo, se sustrae al texto latino de la Misa pro defunctis y la canónica división en doce movimientos, pero el contenido trasciende cualquier lugar común de la misa de muertos: la densidad contrapuntística y barroquizante de las líneas vocales, la furia angélica y clamorosa del Dies Irae, la brillante orquestación de trombones clareadora de la línea textual en la Sequentia, el intensísimo Lacrimosa y el fuego abrasador del célebre ostinati del Confutatis maledictis se antojan desprendimientos o descendimientos y no simples ingenios de una mente terrestre. El malagueño Díez Boscovich, que detenta sobrada experiencia en este y otros repertorios, conoce muy bien todas las dimensiones y gravedades de esta obra superior y desde ese conocimiento e íntimo cuido la disfrutamos esta Semana Santa.

 

PROGRAMA

 

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791):

                       'Misa de réquiem' en re menor K 626 (1791)

 

FICHA ARTÍSTICA

 

Dirección: Arturo Díez Boscovich

 

Orquesta Sinfónica de Málaga

Orfeón Universitario

Solistas:

Alba Moreno Chantar

Lourdes Benítez

Jorge Franco Bajo

Pablo Gálvez Hernández